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Última revisión: 26 Dic 1999

Esta sección está dedicada a recorrer de manera breve y sintética algunas de las cuestiones que se suelen proponer accesoriamente alrededor de la problemática de los nuevos movimientos religiosos.

Las católicos y las Escrituras Los católicos y las EscriturasDisculpe!! Aún estamos trabajando en esta página
Las católicos y las Escrituras¿Cómo podemos reconocer una Biblia Católica?

Los católicos y las Escrituras

La Sagrada Biblia es ciertamente un libro, pero un libro muy particular ya que responde a un doble autor: Dios, su autor principal, y el hombre, el autor secundario; porque no ha descendido Dios en persona de los cielos para redactar su libro, sino que a lo largo de la historia del pueblo de Israel, Dios ha elegido a distintos hombres (denominados hagiógrafos), que respondiendo a Su inspiración han hablado y/o escrito en nombre de Dios todo y sólo aquello que Él quería revelar a su pueblo.

Ahora bien, en su actividad literaria, los escritores sagrados conservaban sus características culturales: su idioma, sus conocimientos científicos, etc.. Al escribir, ellos hacían un trabajo verdaderamente humano, inteligente y libre, aunque querido, inspirado y guiado por Dios, gozando de una asistencia especial del Espíritu Santo. Los autores humanos, aunque inspirados personalmente por Dios (como puede ser el caso de los profetas), son parte integrante de una comunidad, de una sociedad, y como tales están condicionados por la cultura a la cual pertenecen y a la que primariamente va dirigida esa Palabra de Dios.

Esta peculiaridad de la Escritura, hace que no se pueda tratar a la Biblia como se podría tratar a cualquier otro libro, no sólo porque tiene a Dios como autor, sino porque tiene dos autores que coinciden en su propósito, aportando cada uno de ellos lo propio: Dios y el hombre. Por esta razón, cuando queremos comprender el texto bíblico lo primero que debemos procurar es distinguir aquellos elementos que son propios de la cultura y el tiempo en que habla el autor humano, del mensaje que Dios quiere transmitir. Esto es lo que denominamos el sentido literal del texto, es decir, el sentido intentado por el autor humano y querido por Dios, al que llegamos al despojar el texto de su ropaje cultural. Un ejemplo:

Js 10,13 - "el sol se paró en medio del cielo..."

Se trata del relato de una batalla en la que Josué obtiene de Dios que detenga el movimiento del sol mientras los israelitas aseguran su victoria. La modalidad en que está contado responde a la cosmología hebrea que suponía que el sol se movía alrededor de la tierra, sería tonto que hoy pretendiéramos sostener que el sol se mueve alrededor de la tierra sólo porque lo dice este párrafo; en realidad, en su sentido literal, el relato quiere poner de relieve la predilección de Yahvéh por su pueblo, y lo peculiar de la relación de Josué para con Él.

Así, el valor de una afirmación en la Sagrada Escritura debe medirse por el grado de importancia que la misma tiene en la síntesis teológica del hagiógrafo, investigando lo profundo de su conciencia creyente, investigando el foco profundo de su vida espiritual. La síntesis teológica del autor humano podemos adquirirla también iluminados por el estado actual del dogma católico.

Por esto, es imposible intentar comprender la Escritura fuera de la Iglesia: ha sido dada por Dios para esa Iglesia, a través de hombres que vivían dentro de esa Iglesia, y ha sido posible su transmisión hasta nosotros sólo gracias a esa misma Iglesia. La relación que existe entre la Escritura y la Iglesia es tan estrecha que es imposible separarlas; la Escritura nunca podría ser sin una Iglesia que la recibe, la transmite y la conserva; la Iglesia no podría ser sin una Revelación que la alimenta y la guía a través de la historia.

Pero evidentemente, si la Escritura es Palabra de Dios dada a su Iglesia, la interpretación de esa Palabra, de ningún modo puede ser una atribución personal, sino que debe estar necesariamente sometida a parámetros de objetividad y validez universales, que la pongan a salvo de toda parcialización. Esto es evidente ya en el período de formación del Nuevo Testamento, cuando los apóstoles a través de su predicación van haciendo patente a los hombres cómo Cristo estaba presente ya en las profecías del Antiguo Testamento, siguiendo en esto la enseñanza del mismo Jesús: Lc 24,13-35; Hch 2,14-36; Hch 8,30-35.

Así las cosas, el enemigo más peligroso de la integridad de la verdadera fe es el subjetivismo religioso del principio de libre interpretación, ya que despoja de toda objetividad la Palabra de Dios y el contenido de su mensaje de Salvación, haciéndolo totalmente dependiente del individuo que interpreta. Esto sería exactamente lo contrario a lo expresado en 2P 20-21:

"Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios."

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¿Cómo podemos reconocer una Biblia Católica?

Ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento han sido escritos originalmente en nuestra lengua, sino que lo han sido en hebreo y griego. Esto hace que para que nosotros podamos tener acceso directo al texto, se haga necesaria la traducción. Como una misma frase en un idioma, puede ser dicha de diversas maneras en otro, el sólo hecho de la traducción hace que surja la posibilidad de diversas 'traducciones' o versiones del texto bíblico.

Dentro de las comunidades protestantes de habla hispana, se ha impuesto mayoritariamente una traducción habitualmente conocida como 'Reina-Valera', debida originalmente a dos españoles: Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, publicada en 1602 y que ha sido sucesivamente revisada y actualizada.

Pero entre los católicos han surgido progresivamente diversas traducciones, debidas a distintos equipos de especialistas; con lo que hay gran variedad de Biblias que se suelen distinguir por alguna variante en su título como por ejemplo: Biblia de Jerusalén, Nueva Biblia Española, Santa Biblia, etc.

¿Cómo reconozco, entonces, cuándo me encuentro ante una traducción católica de la Biblia?

Tradicionalmente se solía decir que las Biblias con notas eran las Biblias católicas, y que en consecuencia, las Biblias sin notas eran las protestantes. Este es un criterio parcial pues sólo es válido en algunos casos; hoy día hay ediciones católicas que carecen de notas como el caso de la 'Nueva Biblia Española', y por otro lado hay nuevas versiones no-católicas como por ejemplo, del texto de los Testigos de Jehová, que presentan notas e introducciones.

En general hay dos modos seguros de reconocer una Biblia de edición católica.

Ante todo, las ediciones católicas deben estar revisadas y aprobadas por el obispo diocesano del lugar en que fue impresa o donde reside el traductor, esto lo podemos constatar revisando las primeras hojas de cualquier ejemplar, en donde debemos encontrar los siguientes datos:

en latín en castellano
nihil obstat nada obsta a la fe
imprimatur puede imprimirse
Sección en construcción

que corresponden a la revisión y permiso de impresión por parte del obispo. En algún caso puede ocurrir que el impresor haya simplificado la anotación colocando simplemente la inscripción "con las debidas licencias".

Otro parámetro a tener en consideración es el índice de libros, puesto que las Biblias de edición protestante, al seguir el canon hebreo del Antiguo Testamento, dejan de lado los libros originalmente redactados en griego, por lo que no tienen los libros del Antiguo Testamento que los protestantes denominan deutero-canónicos, y que son los que siguen:

Judit
Tobías
Macabeos 1 y 2
Sabiduría
Eclesiástico
Baruc

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