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Aproximaciones al fenómeno de las sectas
La génesis histórica
Última revisión: 11 Jun 2000
... A Melkor, entre los Ainur, le habían sido dados los más grandes dones de poder y conocimiento, y tenía parte en todos los dones de sus hermanos. Con frecuencia había ido solo a los sitios vacíos en busca de la Llama Imperecedera; porque grande era el deseo que ardía en él de dar Ser a cosas propias, y le parecía que Ilúvatar no se ocupaba del Vacío, cuya desnudez lo impacientaba. No obstante, no encontró el Fuego, porque el Fuego está con Ilúvatar. Pero hallándose solo, había empezado a tener pensamientos propios, distintos de los de sus hermanos...
J. R.
R. Tolkien
El Silmarillion
En el principio...
Un breve recorrido histórico
El Gran Despertar Religioso
El Evangelio Social
En torno a la problemática religiosa de las sectas se han elaborado varias pretendidas "verdades" aceptadas acríticamente por la mayoría de nosotros. Una de ellas es la afirmación de que el fenómeno sectario es un hecho propio del ámbito de la experiencia religiosa, a punto tal que el término "secta" se identifica espontánea y popularmente hoy con "secta religiosa".
Esto es sociológica, psicológica e históricamente incorrecto. Como ya explicáramos, la conciencia sectaria es una realidad propia de la condición humana, un fenómeno propio del campo de la psicología y la sociología; es decir, el comportamiento sectario es posible que se manifieste en cualquiera y todos los ámbitos propios del accionar humano. Así lo hemos sostenido al hablar del fenómeno subyacente de las que hemos denominado "conductas sectarias". Podemos encontrar conductas y organizaciones sectarias en todos los ámbitos de la convivencia humana: los partidos políticos, la organización comunitaria, el deporte, etc.
Otra de estas "verdades" dogmáticamente aceptadas hoy, es la creencia de que este es un fenómeno casi esclusivo del cambio de milenio. Esto es igualmente erróneo.
Ante todo así lo prueba un hecho fácilmente comprobable: muchos de los grupos de origen cristiano más difundidos encuentran su origen en el siglo XIX (Mormones, Testigos de Jehová, etc.). También hay que tener en cuenta que por tratarse de una realidad propia de la naturaleza humana herida por el pecado original, fenómenos tales como el fanatismo y el fundamentalismo, así como el del sectarismo han impregnado todos los ámbitos de la convivencia humana y toda su historia. Difícilmente podamos encontrar período de la historia de la civilización en el que la sociedad no se haya visto atenazada por organizaciones como las que nos ocupan.
Es que en el fondo de esta experiencia deformante que hoy denominamos "secta", se encuentra una tendencia inserta en el mismo corazón del hombre que lo lleva a acomodarse más fácilmente en la división que a trabajar por la unidad y la concordia; y que los cristianos hemos de afirmar que reconoce su origen en aquel infausto diálogo que sostuviera Eva con la Serpiente: "...Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal".
Ser "conocedores del bien y del mal", ser dueños del bien y del mal, es básicamente la tentación de la autarquía, de ser los propios señores, de constituirnos en el propio centro y punto referencia; he aquí la raíz de la división, del enfrentamiento, y por supuesto, también la raíz de nuestra atomización social, cultural, y religiosa.
Podemos entonces afirmar que la causa última de este fenómeno de explosión de la experiencia religiosa al que asistimos contemporáneamente, de su disgregación y atomización, es en definitiva la causa única de la presencia del mal en el mundo: el pecado original.
De este modo se podría decir que la primera secta, la secta originaria y primigenia es la constituida por los adoradores de sí mismos, los que enarbolan su pretensión de "ser como dioses" como bandera y divisa. Son secta porque se han cortado, desgajado del tronco original, porque han seguido las enseñanzas de un maestro particular: el Tentador. Y así se han separado de la comunión de los adoradores del único Dios verdadero.
Son secta porque absolutizan una verdad parcial: que el hombre es Señor de todo lo creado. Y se olvidan de la verdad primera: que el hombre antes que cabeza de la creación es también una creatura. Todas las "sectas" que se han presentado a lo largo de los siglos no son más que formas, variantes propias de cada lugar y circunstancia histórica, de una primera y misma ruptura, la única verdaderamente original.
En esta ruptura primigenia de la comunión con la Trascendencia podemos encontrar también el principio de respuesta a todas las dificultades que se suelen plantear. La problemática tanto religiosa como social, económica, política y cultural que plantea el así llamado "desafío de las sectas" tienen una única y fundamental solución: reconstruir a través del esfuerzo y la fidelidad personal a la Verdad, la unidad y armonía del orden querido por Dios para su creación, aceptando el Amor Creador y Redentor de Dios, y respondiendo con humildad y fidelidad a su llamado.
El pecado original ha separado al hombre de Dios; esta es la ruptura armónica fundante, la pérdida de la armonía y la unidad trascendentes propias del hombre, y para las cuales fue creado. Esta disonancia no ha quedado restringida sólo al ámbito de lo religioso, sino que se ha proyectado y se proyecta a todos los órdenes de la existencia humana, incluso en lo social y lo cultural. Tal es el mensaje que hemos de leer en el relato de la Torre de Babel.
Pero en lo que a nosotros nos preocupa, debemos centrarnos principalmente en este alejamiento primigenio, en esta pérdida de una referencia estable al Amor del Dios Creador, que es donde podemos encontrar la razón fundante de la sed de Dios (el "deseo de Dios") que llevará a todos los hombres a lo largo de la historia, a emprender la aventura de encontrar el camino que los reconduzca a la unión perdida; el camino de la religión.
Pero aún cuando el hombre lleva en sí el germen de la división, Dios no lo ha abandonado, sino que misericordiosamente sigue revelándose a los hombres para que lo encuentren quienes lo buscan con sincero corazón.
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NAVEGADOR TEMÁTICO |
El impulso hacia los valores absolutos, si no está sostenido por una auténtica experiencia religiosa y un serio compromiso moral, lleva con frecuencia hacia personas que prometen fáciles descuentos en la fatiga de la búsqueda y aseguran rápidos atajos en la consecución del conocimiento de los misterios divinos.
Juan Pablo
II
Discurso a los participantes en la asamblea plenaria del
Pontificio Consejo
para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.
26/10/1989
Con las salvedades y precisiones que nos preceden hasta aquí, debemos de reconocer que el término "secta" es el que permite identificar más globalmente los grupos a los que se refiere este trabajo. Ahora bien, como también hemos dicho al hacer las consideraciones concernientes a la definición, el término "secta" se encontraba presente ya en el Nuevo Testamento, y por lo tanto resulta evidente que la aparición del fenómeno no es un privilegio de nuestro tiempo sino que, al menos a lo largo de la era cristiana, siempre ha habido grupos que por razones diversas se marginan de una vida eclesial y social plenamente concebida.
Durante los primeros siglos del cristianismo se aplicó esta denominación a grupos gnósticos de origen cristiano que buscaban fórmulas de compatibilizar el pensamiento pseudomágico de origen griego y persa con el Cristianismo de difusión creciente sobre todo en el cercano Oriente.
Centurias después, durante la Edad Media, los cátaros y otros grupos heterodoxos europeos comenzaron a ser reconocidos como sectas. Había un denominador común: la búsqueda de compatibilidad entre elementos provenientes del pensamiento mágico de origen pagano y la fe cristiana.
Hasta aquí podemos enunciar un primer tipo de grupos que surgen aún en nuestro días y que han estado siempre presentes en la historia del Cristianismo: los que son producto de intentos de armonización, actualización o adaptación de antiguas creencias paganas. Grupos en los que el antiguo pensamiento mágico sigue presente y se esconde bajo disfraces variopintos para reaparecer con fuerza periódicamente.
En el período moderno, esta denominación de "secta" comenzó a aplicarse particularmente a las iglesias derivadas del movimiento de la Reforma Protestante del siglo XVI; movimiento cuyo propósito declarado (al menos en la intención de sus fundadores) era purificar a la Iglesia Católica de lo que ellos consideraban como sus más graves errores y debilidades.
Pero el movimiento reformista, era un intento de purificación no obrado desde el interior de la Iglesia misma, sino que se trató de un intento de purificación aplicado desde fuera, una purificación que no contemplaba las notas de trascendencia y permanencia que la Iglesia ha recibido por su misma institución divina.
La Reforma, fue un intento de purificación desde un apartarse del viejo tronco que se valoró apriori como total e irremediablemente deteriorado, no a través de una profundización en lo divino que se esconde detrás de lo humano (como lo exige en definitiva la dinámica de la Encarnación); lo que la convirtió en una búsqueda de pureza descarnada y por ende, peligrosa.
En esto mismo podemos decir que radicó el drama más profundo que debió enfrentar el movimiento reformista, ya que no pudo evitar ser manipulado por algunos gobernantes del momento (tal como fuera el caso de Enrique VIII de Inglaterra, o de los príncipes alemanes), que no dudaron en aprovechar el proceso de reforma religiosa como un instrumento que les permitiría romper la unidad de la Iglesia, principal obstáculo en la concreción de sus propósitos de absolutismo político y en su necesidad de fondos de financiación para campañas militares.
Obviamente que aquellos dirigentes políticos, no estaban preocupados por la mayor o menor santidad de los cristianos y de su Iglesia, sino que vieron en la Reforma un instrumento potencialmente apto para concretar sus designios de ejercer un poder absoluto sobre pueblos y territorios.
Para este propósito, la destrucción de la unidad de la Iglesia era el requisito indispensable, ya que la ruptura de la unidad en la fe convertía al poder político en el único factor aglutinante de las nacionalidades; de este modo, quienes deseaban eliminar todo límite en el ejercicio de su poder, encontraron en la Reforma protestante un resorte propicio para minar las estructuras religiosas de sus pueblos y dejarlos a merced de los mercenarios de sus propios intereses.
Así las cosas, la Reforma encontró prontamente en muchos príncipes europeos de la época un apoyo notorio, sin el cual no hubiera sido posible llevar adelante el proceso de división de la Iglesia; pero por lo mismo, la Reforma Protestante debió pagar un precio excesivamente alto: someterse a los condicionamientos que le impusiera del poder civil.
Desde nuestra perspectiva histórica, podemos afirmar hoy que, en general, ninguno de los reformadores logró erradicar en la vida de las comunidades cristianas que se desgajaron del tronco histórico del catolicismo lo que condenaban en la Iglesia Católica.
Pero el daño provocado no se redujo simplemente a la división del Pueblo de Dios, sino que se introdujo un elemento agravante más: los grupos reformistas, adoptaron como norma de interpretación bíblica lo que se denominó "Principio de Libre Interpretación", introduciendo así de modo definitivo y estable en la vida religiosa de Occidente un virus intelectual que carcomería sus entrañas: el subjetivismo. Este subjetivismo es la causa por la cual las iglesias emanadas de la Reforma no pudieron mantener estables por mucho tiempo sus lineamientos fundacionales, dando lugar en el transcurso de pocos años a un proceso incipiente de disgregación religiosa que se ha proyectado hoy en una atomización de la experiencia religiosa que se constata fácilmente a través del continuo surgimiento de nuevos grupos, y en el continuo peregrinar de individuos de unos grupos a otros, ya que no encuentran "su lugar".
Este proceso de atomización de la experiencia religiosa originado en el protestantismo se ha visto agravado sobre todo en los últimos tiempos, por la intromisión de fuertes intereses económicos y políticos junto a los propios de la predicación del Evangelio.
Ese subjetivismo del libre examen propio de las iglesias surgidas del movimiento reformista del siglo XVI, unido a una concepción de la iglesia de naturaleza disolvente (recordemos que en el modelo congregacionalista, es la comunidad la que marca las pautas doctrinales y de organización), es el sustrato teológico y espiritual a partir del cual se gesta el segundo modelo de grupo que nos ocupa: los originados específicamente en las grandes confesiones cristianas, y donde el componente mágico es inexistente o mínimo.
Este breve análisis histórico nos lleva a que debamos fijar nuestra atención en lo que fueron los dos grandes polos de este "estallido religioso" occidental, que nos ocupa, en el transcurso del siglo pasado.
I. El Gran Despertar Religioso
Un primer episodio de íntole religiosa acontecido durante el siglo pasado, y un antecedente de no poca importancia en el estudio que nos ocupa, es lo que algunos especialistas han llamado "El Gran Despertar Religioso".
Denominan de esta manera a lo que fuera una consecuencia directa de la difusión del pietismo luterano que se propagó rápidamente durante la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX entre las confesiones religiosas de origen reformado, sobre todo en el Norte del continente americano, en las colonias inglesas adonde habían sido desplazados los grupos más anárquicos e indisciplinados de las iglesias reformadas europeas, especialmente del anglicanismo
Este fenómeno cultural y religioso se caracterizó por una marcada exacerbación del subjetivismo, el énfasis en la búsqueda obsesiva de una santidad personal que se cree que puede llegar a ser perfecta en el transcurso de la vida presente. Consecuentemente se propone una doctrina moral de corte claramente puritano (se busca la "pureza moral" a través de la observancia de una serie de preceptos o normas morales muy estrictas y precisas), y una predicación de tinte marcadamente apocalíptico (obsérvese que ya en aquel entonces los predicadores ambulantes pasaban de pueblo en pueblo anunciando la inminencia de la Segunda Venida de Cristo).
Otra componente de gran importancia es el movimiento que se conoce con el nombre de "Evangelio Social". Este fue un movimiento de renovación religiosa surgido a partir del contacto de grupos principalmente de origen anglicano, con la realidad de marginalidad creciente que presentaban a comienzos y mediados del siglo pasado los sectores proletarios de los grandes polos de desarrollo de la así denominada "revolución industrial", como fue el caso de Londres.
La marginalidad significó un desafío muy fuerte a la caridad cristiana, consecuentemente instaló en las comunidades religiosas una preocupación efectiva por la recuperación de los marginado de diverso tipo, los alcohólicos, los analfabetos, la lucha contra la promiscuidad sexual y la violencia, etc.. Una expresión concreta de este movimiento es el Ejército de Salvación que surgió en esa época, en Inglaterra.
El fruto inmediato de todo este fervor renovado aunque impregnado de pietismo y de un subjetivismo, fue la aparición de dos movimientos de renovación religiosa semejantes en algunos aspectos aunque de signo diverso; y ambos también con la pretensión de reivindicarse a sí mismos como alentados por el Espíritu Santo.
Mientras uno de estos movimientos ponía su acento en lo que denominaban un "nuevo Pentecostés" que todo lo renovaba (son los denominados movimientos de Renovación); el otro de ellos era claramente lo que se denomina un movimiento de Restauración, que apuntaba esencialmente a recuperar el modo de vida propio de los primeros cristianos, según se lo interpretaba a partir de una lectura fundamentalista de la Escritura, especialmente las Cartas de San Pablo y los Hechos de los Apóstoles.
Es en este clima de efervescencia religiosa es donde encuentran también cabida otros grupos no tan ligados a lo que denominamos 'evangelismo', tales como la Ciencia Cristiana, el Adventismo, los Testigos de Jehová, los Mormones...; todos los cuales nacerán en este período histórico y comenzarán desde aquí su adecuación al medio social y su expansión.
Este es el nudo histórico de la actual pléyade de un tipo particular de asociaciones religiosas de las que hoy denominamos tan rápida y ampliamente "sectas" y que son grupos de origen claramente cristiano, aunque algunos de ellos no mantengan una fe cristiana.
Pero en el proceso de gestación de nuestra situación contemporánea esto es sólo un primer momento histórico en el desarrollo de un proceso mucho más complejo y que reconocerá particularidades diversas en cada nación. En este proceso, se suelen reconocer dos momentos destacados y un tercero que se encuentra en plena evolución:
(1) El primer momento es este que hemos descrito hasta aquí, y que se inicia a comienzos del siglo XIX, se consolida ya avanzada la segunda mitad del siglo y se extiende hasta principios del siglo XX. En este período surgen en general movimientos que se pueden caracterizar de la siguiente forma:
Casi todos se originan en los Estados Unidos
- La mayoría de ellos tiene origen en un contexto claramente cristiano, su predicación está centrada particularmente en la acción del Espíritu Santo y en Jesucristo como Salvador. Algunos grupos tienen un tinte claramente apocalíptico o cientificista.
Es en este período en el que surgen y se desarrollan los Testigos de Jehová, Mormones, la Ciencia Cristiana, las Asambleas de Dios, y muchos otros grupos evangélicos y pentecostales.
* Un elemento curioso, es el hecho de que no se registren grupos que hayan surgido durante el periodo comprendido entre las dos grandes guerras. Según el decir de Cesar Vidal Manzanares "el socialismo, el nacionalismo, el anarquismo y otros 'ismos' absorbieron las energías que podían haber ido a parar a otras sectas"; de hecho, en varios de estos movimientos que menciona el autor español podemos hablar de una pertenencia cuasi-religiosa de sus miembros, la negación de una dimensión propiamente religiosa, o la elaboración de una salida o propuesta religiosa propia.
(2) Terminada la Segunda Guerra Mundial, Occidente asistirá -especialmente a partir de la década del '50- a un nuevo proceso de efervescencia religiosa que ha ido en crecimiento y se prolonga hasta nuestros días. Este nuevo momento se asienta en un sustrato de incertidumbre e inseguridad personal y social generadora de un importante componente de angustia y que da lugar a nuevos grupos que podemos caracterizar por:
Aún cuando ya no necesariamente surgen en los Estados Unidos, en general muchos de ellos utilizan al país del Norte como lanzadera en Occidente. Tal es el caso de Moon, el Hare Krishna, etc.
Aunque con distintas alternativas, todos son en mayor o menor grado productos derivados de las grandes religiones orientales, o productos sincréticos.
- Muchos de estos grupos se originaron en otras regiones (p.e. Corea o Japón) durante la primera mitad del siglo XX, y permanecieron allí sin tener demasiada expansión hasta que sus líderes se dirigieron a América luego de los años '60. Desde allí tuvieron un impulso renovado, por lo que se lo puede considerar como una segunda fundación.
Comprende mayoritariamente a lo que en la terminología del Documento de Santo Domingo se denominan Movimientos Religiosos Libres, y gran número de ellos son muy conocidos por su doctrina exótica. Algunos especialistas denominan a muchos de ellos "sectas duras" o "destructivas" merced al empleo sistemático de técnicas de condicionamiento conductual o de persuasión coercitiva (comúnmente denominado "lavado de cerebro"). Son grupos surgidos durante este período los Niños de Dios, la Secta Moon, el Hare Krishna, la Meditación Trascendental y tantos otros.
(3) Se puede afirmar que desde mediados de los años '70 ha comenzado a desarrollarse una nueva etapa de este proceso de disgregación religiosa, se trata de un fenómeno nuevo: la aparición de grupos de origen nacional (es decir, fuera de los EE.UU.). Son generalmente grupos que reivindican la búsqueda de la fe auténtica de las iglesias históricas (Palmar de Troya, Nuevo Amanecer), en muchos casos su doctrina está fuertemente marcada por el gnosticismo (CEIS), y, en algunos casos particulares se trata de grupos paramilitares (Nueva Acrópolis, Edelweiss, La Comunidad).
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Etapas del proceso contemporáneo de atomización religiosa
| Siglo
XIX hasta 1914 Surgen grupos:
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| A
partir de 1945 Surgen grupos:
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A partir
de la década del '70
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Prácticamente todos estos grupos de carácter sectario, siguen un proceso de desarrollo o crecimiento relativamente semejante que puede sistematizarse en las siguientes etapas:
- Nacimiento: el grupo surge en el contexto de un conjunto de circunstancias culturales, sociales y religiosas que generan una serie de ansiedades y expectativas insatisfechas en un sector de la población. La pequeña comunidad se nuclea en torno a la figura de un "profeta", "gurú", "vidente" o "maestro" que elabora no tanto la doctrina sino más bien directivas concretas en orden al modo de obrar e insertarse del grupo en la sociedad. En este período la secta está muy preocupada por su necesidad de expansión. Externamente, durante esta etapa se suele identificar al grupo y sus miembros como "el grupo de...", o "la iglesia de..."; quienes no son miembros no conocen demasiado sobre su doctrina salvo rasgos exóticos o anédotas.
- Consolidación: el grupo, luego de que probablemente ha entrado en colisión no sólo con otras confesiones religiosas sino también con distintos ámbitos o instituciones del orden social en que se desarrolla, comienza a buscar caminos que le permitan encauzar las irregularidades o excentricidades que el apasionamiento de la primera fase hubieran podido generar, y que pueden haber sido causa de cierta pérdida de aceptación social. Hay preocupación por no generar conflictos y buscar la estabilidad interna del grupo. Esta etapa se da generalmente después de la desaparición del líder o fundador, verificándose simultáneamente una flexibilización de los aspectos más detonantes o extravagantes de su doctrina y una búsqueda de mayor coherencia doctrinal.
- Transformación: es una especie de "lavado de cara" de la secta, sobre todo de su imagen exterior. Se busca cuidadosamente que la opinión pública olvide y los nuevos adherentes ignoren que se trata verdaderamente de una secta y que se acepte que es una iglesia honorable, en paridad con las iglesias históricas. Es muy frecuente en grupos que se encuentran en esta etapa, que los adherentes ignoren completamente el origen e historia primera del grupo, la que se intenta disolver en alguna profundidad histórica. En lo que se refiere a la metodología que emplean, su fanatismo e intransigencia son moligerados, y la exposición de su mensaje se hace más suave, educada y socialmente aceptable.